Cuando era pequeño estaba convencido de que un monstruo habitaba en el armario de mi habitación. Cada noche, al apagarse la luz, por una rendija del armario se filtraba un tenue resplandor verde, producido por aquel ente desconocido. De ahí que en mi cabeza llamase a aquello “el monstruo verde”.
El monstruo verde era silencioso, informe, desconocido, lo único que sabía era que era verde. Tampoco salía de mi armario, pero yo sabía que eso se debía exclusivamente al efecto protector de mis sábanas. Las sábanas podían ser blancas, amarillas, de cualquier color, pero su efecto estaba científicamente contrastado: Si escondía mi cabeza debajo de las sábanas, el monstruo permanecía en su guarida.
Una noche, en uno de mis característicos arrebatos de locura transitoria, decidí acostarme con la puerta del armario abierta, para ver más claramente al monstruo. Al fin y al cabo sabía que mis sábanas me protegían, y durante todo aquel tiempo la curiosidad había ido creciendo dentro de mí, como una inmensa bola de pelo de gato, o algo así.
El monstruo resultó ser verde, brillante y con una cara que mi mente infantil procesaba como a algo parecido a Darth Vader, cuando se quitaba el casco. Resultó no ser un ente completo, era un busto. Siempre se situaba en el segundo estante de mi armario. Era inquietante, me daba miedo. Se movía de una forma que recordaba a un alga bajo el agua. Era una puñetera reliquia subacuática, verde fosforescente, empotrada en mi armario, calvo, me observaba con ojos verdes y seguía mis movimientos infinitesimales con precisión inhumana y también verde.
Me provocaba cierto repelús, pero en aquella edad todo lo verde me producía repelús, empezando por la lechuga, acabando por el aguacate, pasando por los semáforos para peatones cuando parpadean para que te des prisa. Poco a poco me fui acostumbrando.
Antes he dicho que me dan ataques de locura transitoria, no es del todo cierto. Son más bien ataques de curiosidad semisuicidas. Dicen que la curiosidad mató al gato, pero yo sabía a ciencia cierta que el gato tenía siete vidas. Así que un día, no sin cierto temblor involuntario, me levanté de la cama, me dirigí al armario, miré fijamente al monstruo verde y le pregunté si no tenía hambre, si quería algo de comer.
Justo en aquel momento desapareció.
Supongo que se ofendió y se marchó. Tiene lógica, lo más probable es que los monstruos verdes hagan la fotosíntesis.
PS: No, no, tiene ninguna moraleja, ¡pero está basado en hecho reales!
miércoles, julio 26, 2006
jueves, julio 20, 2006
Vuelvo a escribir sobre naranjas
Se despertó a las tres de la madrugada, con una sensación profundamente segura de que su vida no era más que un remake.
Envuelto en un sudor frío- un sudor que ya había sudado otra persona, tal vez hacía años, tal vez incluso en blanco y negro- fue hasta la cocina, cogió una naranja y se puso a contemplar su reflejo en el cristal de la ventana.
Siempre la misma calle, siempre la misma ventana.
Distraídamente pelaba la naranja con las uñas. De pequeño le habían enseñado trazar meridianos organizados por la piel del fruto, de pequeño le habían enseñado tantas cosas…
Así que su vida era un remake, vivía lo mismo que otra persona, igual hasta otras personas, pero en color, con un peor encuadre y con más chismes tecnológicos a su alrededor.
No estaba del todo mal, sentía la parte blanca del interior de la piel de la naranja meterse bajo sus uñas, tardaría un buen rato en desaparecer ese olor, y eso le gustaba. Por la ventana la misma calle, la misma acera.
Observó como unos adolescentes avanzaban por la calzada dando tumbos, aferrados a una botella, cantando alguna canción profundamente superficial. Se preguntó si ellos también eran un remake, intentó imaginárselos como a viejos marineros, caminando por un puerto, cantando algo marinero –qué se yo-, algo en blanco y negro… No, no podía ser, él era un remake, y los remakes no tenían demasiada imaginación.
La naranja se desmenuzaba bajo sus dedos, una naranja sin pepitas, una naranja perfecta pero sin sustancia, si no hubiese sido tan trillado hubiese pensado que era una metáfora de su vida.
Lentamente, con una sonrisa en los labios, y la naranja todavía en la mano, decidió salir a la calle. Al fin y al cabo tal vez no fuese del todo un remake, tal vez pudiese ser una secuela si ponía algo de su parte…
Dicen que las secuencias nunca fueron buenas, pero al menos lo podían intentar.
Envuelto en un sudor frío- un sudor que ya había sudado otra persona, tal vez hacía años, tal vez incluso en blanco y negro- fue hasta la cocina, cogió una naranja y se puso a contemplar su reflejo en el cristal de la ventana.
Siempre la misma calle, siempre la misma ventana.
Distraídamente pelaba la naranja con las uñas. De pequeño le habían enseñado trazar meridianos organizados por la piel del fruto, de pequeño le habían enseñado tantas cosas…
Así que su vida era un remake, vivía lo mismo que otra persona, igual hasta otras personas, pero en color, con un peor encuadre y con más chismes tecnológicos a su alrededor.
No estaba del todo mal, sentía la parte blanca del interior de la piel de la naranja meterse bajo sus uñas, tardaría un buen rato en desaparecer ese olor, y eso le gustaba. Por la ventana la misma calle, la misma acera.
Observó como unos adolescentes avanzaban por la calzada dando tumbos, aferrados a una botella, cantando alguna canción profundamente superficial. Se preguntó si ellos también eran un remake, intentó imaginárselos como a viejos marineros, caminando por un puerto, cantando algo marinero –qué se yo-, algo en blanco y negro… No, no podía ser, él era un remake, y los remakes no tenían demasiada imaginación.
La naranja se desmenuzaba bajo sus dedos, una naranja sin pepitas, una naranja perfecta pero sin sustancia, si no hubiese sido tan trillado hubiese pensado que era una metáfora de su vida.
Lentamente, con una sonrisa en los labios, y la naranja todavía en la mano, decidió salir a la calle. Al fin y al cabo tal vez no fuese del todo un remake, tal vez pudiese ser una secuela si ponía algo de su parte…
Dicen que las secuencias nunca fueron buenas, pero al menos lo podían intentar.
viernes, julio 07, 2006
Another Travelin' Song
Well I’m changing all my strings
I’m gonna write another traveling song
About all the billion highways and the cities at the break of dawn
Well I guess the best that I can do now is pretend I’ve done nothing wrong
And dream of a train that’s going to take me back where I belong
The ocean speaks and spits and I can hear it from the interstate
I’m screaming at my brother on my cell phone he’s far away
I’m saying nothing in the past or future will feel like today
Until we’re parking in the alley
Just hoping that our shit is safe
So I go back and forth forever
All my thoughts they come in pairs
Oh I will, I won't, I doubt I don't
I’m not surprised but I never feel quite prepared
Now I’m hunched over a typewriter
I guess you call that painting in a cave
And there’s a word I can’t remember
And a feeling I cannot escape
And now my ashtrays overflowing
I’m still starting at a clean white page
Oh and mornings at my window
She is sending me to bed again
Well I dream of dark on the horizon
I dream of desert where the dead lay down
I dream a prostitute, a child touching an old man in a fast food crowd
I dreamt a ship was sinking
There was people screaming all around
And I awoke to my alarm clock
It was a pop song it was playing loud
So I must find my fears and face them
Or I’ll cower like a dog
I’ll kick and scream or kneel and bleed
I’ll fight like hell to hide that I’m giving up
Pues esta es la canción que me pongo cada día para ir a trabajar...
Yepa, un día de estos igual escribo algo con fundamento…
I’m gonna write another traveling song
About all the billion highways and the cities at the break of dawn
Well I guess the best that I can do now is pretend I’ve done nothing wrong
And dream of a train that’s going to take me back where I belong
The ocean speaks and spits and I can hear it from the interstate
I’m screaming at my brother on my cell phone he’s far away
I’m saying nothing in the past or future will feel like today
Until we’re parking in the alley
Just hoping that our shit is safe
So I go back and forth forever
All my thoughts they come in pairs
Oh I will, I won't, I doubt I don't
I’m not surprised but I never feel quite prepared
Now I’m hunched over a typewriter
I guess you call that painting in a cave
And there’s a word I can’t remember
And a feeling I cannot escape
And now my ashtrays overflowing
I’m still starting at a clean white page
Oh and mornings at my window
She is sending me to bed again
Well I dream of dark on the horizon
I dream of desert where the dead lay down
I dream a prostitute, a child touching an old man in a fast food crowd
I dreamt a ship was sinking
There was people screaming all around
And I awoke to my alarm clock
It was a pop song it was playing loud
So I must find my fears and face them
Or I’ll cower like a dog
I’ll kick and scream or kneel and bleed
I’ll fight like hell to hide that I’m giving up
Pues esta es la canción que me pongo cada día para ir a trabajar...
Yepa, un día de estos igual escribo algo con fundamento…
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